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Internet, burbujas de opinión y noticias falsas


Artículo publicado originalmente en la revista Palabra Pública de la Universidad de Chile y escrito en coautoría con Claudio Ruiz

En 2006 Yochai Benkler publicaba The Wealth of Networks. Allí, haciendo un guiño a Adam Smith, Benkler teorizaba sobre la sociedad de la sociedad de redes a la que dio paso la denominada sociedad de la información industrial. El libro sugiere que los cambios en medios de producción, consumo e intercambio de contenido supondrían beneficios para construir una sociedad cada vez más abierta e igualitaria.

De alguna forma, el influyente libro de Benkler entregaba un sustento teórico a un fenómeno tan novedoso como acelerado, aquel que destruía la distinción emisor-receptor propia de la era industrial para dar paso a un estadio donde sería la tecnología la que disminuiría de manera radical las brechas existentes, pudiendo cualquiera ser un emisor de contenidos online, sin necesidad de pasar por las anquilosadas estructuras de los medios de comunicación tradicionales.

Diez años después de la publicación de The Wealth of Network vale la pena preguntarse qué tan fundado estaba el optimismo expresado por Benkler en el potencial democratizador de Internet. La misma Internet que permitió la irrupción de los blogs, redes sociales y Wikipedia también permitió la existencia de violencia de género y discriminación online, supresión de contenidos críticos y formas novedosas de censura. En este mismo sentido, a propósito de la última elección presidencial estadounidense, ha llamado la atención la aparición de conceptos como las burbujas de filtros y las ‘fake news’, en las que quisiéramos detenernos con algo más de detención.

Burbujas de filtros

La popularidad de los servicios online más populares depende, en gran medida, de la capacidad que tienen de mostrarnos aquello que queremos ver. Eso explica, por ejemplo, que Facebook cambie hace años la forma en que presenta el contenido en su página principal, desde un criterio cronológico a una fórmula algorítmica misteriosa cuya decisión toma en cuenta con quiénes hemos interactuado últimamente, dónde nos encontramos, qué perfiles hemos visitado con anterioridad, entre otros factores. Lo mismo ha hecho, más recientemente, Instagram y Twitter. Asimismo, Google es capaz de mostrarnos resultados más “precisos” gracias al data mining y nuestro historial pasado de búsqueda.

Que nuestros principales métodos de comunicación y de obtención de información nos muestren preferentemente lo que queremos ver no puede sino tener consecuencias en la forma en que nos informamos e interactuamos. Varias estadísticas muestran cómo, en particular los jóvenes, se informan primordialmente cada vez más a través de redes sociales (incluso cuando redirijan a grandes sitios de noticias) que directamente en sitios o medios tradicionales de comunicación. Sin embargo, la información que se despliega ha sido procesada previamente por un algoritmo que ha decidido cuáles son las noticias más relevantes para cada uno de nosotros. Lo que vemos allí no son sólo aquellas cosas que nuestras redes y amigos comparten. Son aquellas noticias e informaciones que queremos leer.

Esto es lo que se ha denominado la “burbuja de filtros” y se le ha achacado un deterioro en la capacidad de discusión democrática. Después de todo, ¿cómo aprenderemos a discutir con posiciones distintas a la nuestra si el contenido que consumimos sólo refuerza nuestra posición ya adquirida? Autores como Cass Sunstein han demostrado que si sólo nos exponemos a argumentos similares tenderemos a extremar posiciones, debilitando una discusión de ideas racional e igualitaria. Expuestos a una constante reafirmación positiva, hasta lo irracional puede llegar a sonar lógico.

Noticias falsas


La estructura actual de la economía digital se sustenta, en buena medida, en la publicidad. Google y Facebook son, básicamente, grandes empresas cuyo modelo de negocio no reside en la oferta de servicios, sino en la gestión de publicidad finamente orientada a perfiles de usuario. Lo que los usuarios pagan a cambio de un servicio de búsqueda online de calidad o por participar en una red social como Facebook es el costo de la información personal que es procesada para enviarnos publicidad contextual.

Es por ello que buena parte de los modelos de negocio asociados a contenido online están vinculados al tráfico de visitas, tráfico que supone finalmente mayores tasas de retorno por publicidad. Medios tradicionales han debido explorar diversos métodos para mejorar sus SEO (Search Engine Optimization) para obtener visitas que, mayormente, provienen de búsquedas online.

De la mano de este modelo de negocio surgen sitios web que intentan capturar visitas a través de agresivas estrategias de SEO que han derivado en los últimos meses en la creación de sitios que no sólo intentan mejorar sus técnicas para titular sus noticias y hacerlas más atractivas, sino que derechamente desentenderse de la veracidad del contenido y ofrecer contenido falso. Contenido no verificable, pero atractivo para masas de visitas que parecen preferir hacer click allí donde se anuncian hechos improbables antes que la aburrida descripción de la cotidianidad. “Viralizar” se transforma en hacer explotar a través de las redes enlaces a lugares donde, en el fondo, más importa su atractivo masivo antes que su veracidad.

Regular el contenido no es la solución


Ante este desafío no han faltado las voces que han exigido a los intermediarios de contenido tomar cartas en el asunto. Algunos afirman que son estos intermediarios -Google, Facebook, Twitter, otros- quienes tienen un deber de control editorial, tal como cualquier medio de comunicación. Soluciones como ésta no hacen sino amplificar el problema y llevarlo a otro lugar: en vez de hacer que sea lo atractivo de un enlace lo que lo haga viralizable, será la decisión editorial de la empresa dueña de la plataforma la que determinará la veracidad de los contenidos. Decisión editorial que será tomada por un programa computacional, de que se tiene poco o nada de control externo fuera de la compañía.

Los efectos de la burbuja de filtros pueden atenuarse a través de mecanismos de transparencia algorítmica. Estos deben permitir al usuario saber los criterios utilizados para desplegar información y tal vez permitir elegir mecanismos distintos de ordenación, tales como cronológico o aleatorio.

Ni las noticias falsas ni las burbujas de filtros deben ser combatidas a través del control de los contenidos. Los mecanismos de solución deben permitir más y no menos expresión y ofrecer cierta transparencia en la forma en la que los contenidos son presentados a través de sus redes. De otra manera, las soluciones que se planteen, en lugar de mejorar, empeorarán las condiciones de debate y discusión pública.

Presentación en panel "VoIP Crackdown: Implications for Government, Telecom, and Civil Society"

Comparto con ustedes mi intervención en el panel titulado "VoIP Crackdown: Implications for Government, Telecom, and Civil Society", que tuvo lugar en el Internet Governance Forum 2016. Colaboraron con esta intervención Juan Carlos Lara y Gisela Perez de Acha.

Introduction

In 2012 an industry spokesman called Net Neutrality “a solution in search of a problem.” For them, the principle that protects free speech and innovation online was irrelevant, as blocking had neve happened. And if it did, market forces would compel Internet service providers to correct course and re-open their networks.

Years and experience have shown that in fact voIP blocking is a reality, and for us, as a Latin American organization, the consequences of such conduct impacts human rights.

That is because freedom of expression not only means that everyone has the right to freely express their opinions, but also the right to seek, receive and impart information through any media and regardless of frontiers.

Any kind of limitation has to fulfill the three-part test set in Article 19(3). That is, the limitation:
  1. Has to be provided by law: 
  2. There must be a legitimate aim to limit the right to freedom of expression. 
  3. Must be truly necessary. 
Cases 

The Latin American region has seen plenty of instances of VoIP blocking, mostly motivated by commercial purposes and aided by the lack of net neutrality rules and strong antitrust mechanisms. These do not comply with these International Human Rights standards

Voissnet is a local Chilean Internet provider. In 2003 the company offered more convenient prices to internet users than Telefónica de Chile. In this scenario, Telefónica took action to obstruct and slow down Voissnet services through technical means. Voissnet then sued Telefónica under free competition law, accusing the latter company of unfair practices hindering free competition. Telefónica’s argument for the defence was based on the lack of a specific regulation for the provision of broadband services, therefore being allowed to block certain protocols. In 2007, the Supreme Court of Chile ordered Telefónica to stop imposing limitations. Some of the rationale behind the Supreme Court's decision lived on as part of the Net Neutrality law enacted in 2010, under which such a practice would be considered illegal.

In 2015 Brasil Telecom blocked VoIP traffic using a network management software called NarusInsight. Brasil Telecom chose the software so that they could regulate IP telephony within Brazil and stop revenue loss due to VoIP. Later on, the Marco Civil de Internet explicitly prohibited these types of practices by imposing the obligation to treat all data packages under the same standards. Currently we have no example of enforcement of these rules. However, for completely different reasons, WhatsApp has been blocked several times.

Belize Telecommunications Limited are blocking VoIP providers such as Vonage and Skype and many others. In fact the company went so far as to block Google Talk, MSN Messenger and Yahoo! IM because they also offered voice as well as text chat.
Also in 2015, Telmex, one of the most important telecommunication companies in Latin America, blocked Skype in Mexico. To the date, the Mexican telecommunication authority has not regulated the issue even though it is arguably against the Mexican Constitution, so these acts are left unpunished.

Conclusions

From a human rights defenders' perspective, we must not overlook the true nature, and thus the true effects, of these kinds of blocking. Similarities and differences aside, one key thing in common with other jurisdictions around the world where VoIP blocks happen is the effect that this has for the population: a limited internet, with lower possibilities for communication where those possibilities should be dramatically increased as allowed by technology.

A limited capacity to choose the services that better fit with our needs for privacy and security. A limited capability for people with certain disabilities to connect and communicate with others. A limited capability to communicate at lower costs for people in isolated places and for the economically disadvantaged. A hindered capability to use the internet as the catalyst for the exercise of human rights in the most diverse ways.

Worst of all: when policies or practice allow it, a precedent for other services to be blocked or limited. This is what makes strong net neutrality rules, not just in principle but also in enforcement mechanisms, more necessary than ever.

When this is addressed as a highly technical regulatory issue, or when we only see it through the prism of competition law, or when we address it only as a technical problem to be technically solved by tech-savvy folks, that effect in the general population is often overlooked and ignored.
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