Carbón (Gonzalo Rojas)

Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir
mi Lebu en dos mitades de fragancia, lo escucho,
lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces,
cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento
como una arteria más entre mis sienes y mi almohada.

Es él. Está lloviendo.
Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor
a caballo mojado. Es Juan Antonio
Rojas sobre un caballo atravesando un río.
No hay novedad. La noche torrencial se derrumba
como una mina inundada, y un rayo la estremece.

Madre, ya va a llegar: abramos el portón,
dame esa luz, yo quiero recibirlo
antes que mis hermanos. Déjame que le lleve un buen vaso de vino
para que se reponga, y me estreche en un beso,
y me clave las púas de su barba.

Ahí viene el hombre, ahí viene
embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso
contra la explotación, muerto de hambre, allí viene
debajo de su poncho de Castilla.

Ah, minero inmortal, ésta es tu casa
de roble, que tú mismo construiste. Adelante:
te he venido a esperar, yo soy el séptimo
de tus hijos. No importa
que hayan pasado tantas estrellas por el cielo de estos años,
que hayamos enterado a tu mujer en un terrible agosto,
porque tú y ella estáis multiplicados. No
importa que la noche nos haya sido negra
por igual a los dos.
                             -Pasa, no estés ahí
mirándome, sin verme, debajo de la lluvia.

Poem for Amanda (Neil Gaiman)

For I shall enumerate my ladies charms although they are numberless.

For firstly, she has a smile like a beam of sunlight breaking through a cloud in a medieval painting.

For secondly, she moves like mercury and panthers, and also, she can stand still.

For thirdly, she has eyes of a color that no two people can agree on which I can remember when I close my eyes.

For fourthly, she laughs at my jokes, sings unconcerned on the sidewalk, and gives money to buskers as a religious act.

For fifthly, she fucks like wildcats in thunderstorms.

For sixthly, her kisses are gentle.

For seventhly, I would follow her or walk beside her or in front of her wherever she wished to go and being with her walk without fear.

For eighthly, I dream of her and am comforted.

For ninthly, there is no one like her... not that I've ever met, and I've met so many people... No one at all.

For lastly, she squeals when I say, "wastepaper basket." And also, in the mornings, eyebrow-less and waking, she always looks so perfectly surprised. 

Border Line (Sara Raca)

Voy a dejar que crezca la yerba sobre la poesía,
que mis palabras sean estas plantas de tallo corto fino y flexible
entre la banqueta y el cemento.
Ni césped ni bosque ni maceta ni parque ni muro ni jardín,
aldeas que emergen del asfalto
brevísimos versos verdes y espigados
yerba que no pertenece pero plaga
a la luz de una raíz
se resquebrajan aceras y ciudadanías
saben que todas serán arrancadas
que su destino es una grieta
son palabras que mueren al dar semilla
batallas perdidas en el pavimento.

Tomar una Coca-Cola contigo (Frank O'Hara)

es todavía más divertido que ir a San Sebastián, Irún, Hendaye, Biarritz, Bayonne
o tener náuseas en la Travesera de Gracia en Barcelona
un poco porque con tu camisa naranja pareces un San Sebastián mejor y más alegre
un poco porque te amo, un poco porque amas el yogur
un poco por los tulipanes naranja fluorescente alrededor de los abedules
un poco por nuestras sonrisas cómplices frente a la gente y las estatuas
cuando estoy contigo es difícil creer que pueda existir algo tan quieto
tan solemne tan horriblemente definitivo como una estatua mientras que ahí enfrente
bajo la cálida luz neoyorquina de las 4 en punto vamos y venimos a la deriva
entre nosotros como un árbol que respira por sus lentes
y parece que no hay ni una cara en la muestra de retratos, solo pintura
de golpe te preguntas por qué diablos los hicieron

te miro
a ti y preferiría mirarte a ti que a todos los retratos del mundo
puede ser salvo por El jinete polaco de vez en cuando y total está en el Frick
que no visitaste todavía gracias a Dios así que puedo acompañarte la primera vez
y que te muevas con tanta gracia más o menos resuelve el Futurismo
igual que en casa nunca pienso en el Desnudo bajando una escalera o
cuando ensayo en aquel dibujo de Leonardo o Miguel Ángel que solía fascinarme
y de qué les sirven a los Impresionistas todas esas investigaciones
si nunca consiguieron que la persona indicada se parara junto al árbol al caer el sol
o para el caso a Marino Marini si no eligió al jinete con el mismo cuidado
que al caballo

parece que a todos ellos los privaron de una experiencia maravillosa
que yo no voy a desperdiciar y que por eso te estoy contando

Madre de héroe (Gabriela Mistral)

No puedo ver a mi hijo
vuelto a los puntos cardinales.
Estuvo al Oeste, estuvo al Norte
y ahora vienen del sur sus signos.
¿Cómo lo veo tras los metales
y la tempested; el hierro, el bronce, 
el polvo negro y la humareda?
Por donde le busco anda su nombre
que no es el nombre de su bautismo,
anda en aleluya y en befa.
Nombre que yo no se lo amo,
sin óleo, sin sal, sin leche.

En tanto espacio que tiene
le busco el cuerpo de la cuna
o el otro de la adolescencia.
Y tanteando en alambradas
y en minas de tierras abiertas,
hallo el infierno, no hallo mi hijo.
Tampoco encuentro mi país
y su país. Todo ha mudado
o yo no soy alma gloriosa,
y soñé el cielo, Dios y su gloria.
Hasta el día de su marcha
yo me estaba aquí en lo divino
y conmigo juntamente.

Tenía en las manos este aire
y el puñado de sus cabellos,
los cielos abiertos miraba
y al mismo tiempo veía
su espalda, su ruta, su huella.

De pronto ardió cuanto tocaba,
ardió en su nuca su bautismo
y ardieron todos sus caminos.
Corté mi canto de los cielos,
mi adoración rompí de golpe
por buscarlo y por seguirlo.
La llamarada en que corre
está forrada de tiniebla,
y así su fuego no guía
ni los pasos de su madre.
Detrás de él todo es su nombre
pero ese nombre yo no lo dije
ni al darle los alimentos
ni llamándolo en el Danubio.

Denme mi hijo,
no me den un reguero rojo
y un horizonte de tanques.

El hijo que voy buscando
cielo abajo, gloria abajo,
que trabajó, que rezaba
y cantó en coros de camaradas.

Voy detrás de él y voy rota
de unos aviones que me cortan
y rota de afiladas sirenas,
partiéndome y rehaciéndome
por una tierra que no es la tierra
y dicen que es la Austria, Hungría:
caldo de metal, no cebadas,
no más que explosión y metralla,
y la ruta: tiesura de muertos
y los terrones: pulpa de cuerpos.

Me detengo cuado me canso
pero sigo porque él sigue
el río que llaman su gente
porque dicen que él va adelante.
Anda que anda y nunca le alcanzo,
el hijo mío que no era fuego,
que no era mina ni metralla,
que era canto y ojos azules,
que sobre mi pecho era mío. 

Cementerio de Punta Arenas (Enrique Lihn)


Ni aun la muerte pudo igualar a estos hombres
que dan su nombre en lápidas distintas
o lo gritan al viento del sol que se los borra:
otro poco de polvo para una nueva ráfaga.
Reina aquí, junto al mar que iguala al mármol.
entre esta doble fila de obsequios cipreses
la paz, pero una paz que lucha por trizarse,
romper en mil pedazos los pergaminos fúnebres
para asomar la cara de una antigua soberbia
y reírse del polvo.

Por construirse estaba esta ciudad cuando alzaron
sus hijos primogénitos otra ciudad desierta
y uno a uno ocuparon, a fondo, su lugar
como si aún pudieran disputárselo.
Cada uno en lo suyo para siempre, esperando,
tendidos los manteles, a sus hijos y nietos.

Barco Viejo (Enrique Lihn)

A imagen de los vientos crecieron estos árboles
que imprecan hacia el mar donde los cuatro palos
de un velero inservible se excusan de los vientos.
“Andalucía” duerme, bella cárcel flotante
encarcelada como en una botella
en su vejez dejada de mano de las olas,
tan pura, que el bochinche de la marinería
será como si fuera cosa propia del sueño:
música de fonógrafo que casi no se escucha.

Estoy en Punta Arenas.
La nieve llega al corazón y el viento
toca hasta lo que escribo y lo dispersa.
Mi poesía apenas da unos pasos en falso:
aún el árbol verde del pensamiento abstracto
tendrá aquí que seguir el dictado del viento
que tuerce el árbol de oro, transformándolo en piedra.
Me haría falta oír toda la vida
lo que, por estos lados, dicen hombres y bestias;
pero aún más: entrar en el secreto.
De modo que la piedra horadada me hablara
por boca del silencio de lo que fue en el aire
antes del día de su aventamiento:
gritos que el roble sabe
de cuando el indio hizo su amor como agoniza
el petrel en la noche de los vientos,
de cuando sangre y nieve jugaron a encontrarse
y una ciudad se alzó donde cayeron hombres.

Nada habla por mi boca aquí, pero está bien
sentir que uno podría envejecer noblemente
mirando un barco viejo que termina de hundirse.
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