No le pidan más dinero a la poesía (Jaime Huenún)

No le pidan más dinero a la poesía,
no más viajes y subsidios, no más luces;
ya la pobre se ha quedado en bancarrota,
ni una papa encontrarán en su alacena.
Déjenla que se vaya por el mundo,
toda coja, toda enclenque, toda seca,
vieja, sola y afirmada en su bastón.
Se acabó la bonanza, proxenetas,
oh, malditos desleales, azulosos,
y barbudos palabreros del montón.

A Julia de Burgos (Julia de Burgos)

Ya las gentes murmuran que yo soy tu enemiga
porque dicen que en verso doy al mundo
tu yo.

Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de Burgos.
La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz;
porque tú eres ropaje y la esencia soy yo;
y el más profundo abismo se tiende entre las dos.

Tú eres fría muñeca de mentira social,
y yo, viril destello de la humana verdad.

Tú, miel de cortesanas hipocresías; yo no;
que en todos mis poemas desnudo el corazón.

Tú eres como tu mundo, egoístas; yo no;
que todo me lo juego a ser lo que soy yo.

Tú eres solo la grave señora señorona;
yo no, yo soy la vida, la fuerza, la mujer. 

Tú eres de tu marido, de tu amo; yo no;
yo de nadie, o de todos, porque a todos, a todos,
en mi limpio sentir y en mi pensar me doy.

Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no;
a mí me riza el viento; a mí me pinta el sol. 

Tú eres dama casera, resignada, sumisa,
atada a los prejuicios de los hombres; yo no;
que yo soy Rocinante corriendo desbocado
olfateando horizontes de justicia de Dios.

Tú en ti misma no mandas; a ti todos te mandan;
en ti mandan tu esposo, tus padres, tus parientes,
el cura, la modista, el teatro, el casino,
el auto, las alhajas, el banquete, el champán,
el cielo y el infierno, y el qué dirán social.
En mí no, que en mí manda mi solo corazón,
mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo.
Tú, flor de aristocracia; y yo la flor del pueblo.
Tú en ti lo tienes todo y a todos se lo debes,
mientras que yo, mi nada a nadie se la debo.

Tú, clavada al estático dividendo ancestral,
y yo, un uno en la cifra del divisor social,
somos el duelo a muerte que se acerca fatal.

Cuando las multitudes corran alborotadas
dejando atrás cenizas de injusticias quemadas,
y cuando con la tea de las siete virtudes,
tras los siete pecados, corran las multitudes,
contra ti, y contra todo lo injusto y lo inhumano,
yo iré en medio de ellas con la tea en la mano.

El de los castillos (Fernando Pessoa)

Europa yace apostada sobre sus codos:
Yace de Oriente a Occidente, mirando,
Y la abrazan románticos cabellos
Recordando ojos griegos.

Retira el codo izquierdo;
El derecho está dispuesto en ángulo.
Aquel dice Italia donde se ha asentado;
Este dice Inglaterra donde, alejada,
sostiene la mano, en la que apoya su rostro.

Observa, con mirada fatal de esfinge,
a Occidente, futuro del pasado.

El rostro que observa es de Portugal.

Vengo del tiempo de las brujas (Mariangela Ruggiu)

Vengo del tiempo de las brujas
de la quema del miedo

cuando levantar la cabeza era pecado
y la sangre sólo expiación

el tiempo guarda un legado de cuerpos desmembrados
con pedazos de vidrio, por el pecado de conocer

el conocimiento es más aterrador que el sexo
en todo momento vierten la oscuridad en los ojos de las niñas

pero venimos de la luz

la tejemos en la urdimbre de la palabra
la pasamos de mano en mano
en los cantos en voz baja o en los libros arrancados al fuego

es la luz que estalla en la primera fila de la guerra
detrás de la sonrisa y el canto
mano a mano con la muerte.

Hueso (Óscar Hahn)

Curiosa es la persistencia del hueso
su obstinación en luchar contra el polvo
su resistencia a convertirse en ceniza

La carne es pusilánime
Recurre al bisturí a ungüentos y a otras máscaras
que tan sólo maquillan el rostro de la muerte

Tarde o temprano será polvo la carne
castillo de cenizas barridas por el viento

Un día la picota que excava la tierra
choca con algo duro: no es roca ni diamante

es una tibia un fémur unas cuantas costillas
una mandíbula que alguna vez habló
y ahora vuelve a hablar

Todos lo huesos hablan penan acusan
alzan torres contra el olvido
trincheras de blancura que brillan en la noche

El hueso es un héroe de la resistencia

Carbón (Gonzalo Rojas)

Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir
mi Lebu en dos mitades de fragancia, lo escucho,
lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces,
cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento
como una arteria más entre mis sienes y mi almohada.

Es él. Está lloviendo.
Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor
a caballo mojado. Es Juan Antonio
Rojas sobre un caballo atravesando un río.
No hay novedad. La noche torrencial se derrumba
como una mina inundada, y un rayo la estremece.

Madre, ya va a llegar: abramos el portón,
dame esa luz, yo quiero recibirlo
antes que mis hermanos. Déjame que le lleve un buen vaso de vino
para que se reponga, y me estreche en un beso,
y me clave las púas de su barba.

Ahí viene el hombre, ahí viene
embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso
contra la explotación, muerto de hambre, allí viene
debajo de su poncho de Castilla.

Ah, minero inmortal, ésta es tu casa
de roble, que tú mismo construiste. Adelante:
te he venido a esperar, yo soy el séptimo
de tus hijos. No importa
que hayan pasado tantas estrellas por el cielo de estos años,
que hayamos enterado a tu mujer en un terrible agosto,
porque tú y ella estáis multiplicados. No
importa que la noche nos haya sido negra
por igual a los dos.
                             -Pasa, no estés ahí
mirándome, sin verme, debajo de la lluvia.

Poem for Amanda (Neil Gaiman)

For I shall enumerate my ladies charms although they are numberless.

For firstly, she has a smile like a beam of sunlight breaking through a cloud in a medieval painting.

For secondly, she moves like mercury and panthers, and also, she can stand still.

For thirdly, she has eyes of a color that no two people can agree on which I can remember when I close my eyes.

For fourthly, she laughs at my jokes, sings unconcerned on the sidewalk, and gives money to buskers as a religious act.

For fifthly, she fucks like wildcats in thunderstorms.

For sixthly, her kisses are gentle.

For seventhly, I would follow her or walk beside her or in front of her wherever she wished to go and being with her walk without fear.

For eighthly, I dream of her and am comforted.

For ninthly, there is no one like her... not that I've ever met, and I've met so many people... No one at all.

For lastly, she squeals when I say, "wastepaper basket." And also, in the mornings, eyebrow-less and waking, she always looks so perfectly surprised. 
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