El teatro de los siglos (José Domingo Gómez Rojas)

La comedia de los siglos se eterniza.
Prosiguen los maestros peregrinos,
Los Cristos, los Mahomas, los divinos
que la plebe en sus farsas tiraniza.

Y sigue la comedia. Farsa y mofa.
Los rebeldes son carne de las iras;
alguien canta del lábaro en las liras,
alguien dice del látigo en la estrofa...

Y sigue la gran farsa. Los profetas
padecen los calvarios. Las inquietas
muchedumbres profanan las doctrinas.

Y sigue la tragedia. En los hombros
la cruz que engendra líricos asombros...

Después los sacerdotes de las farsas divinas.

Rondel (José Domingo Gómez Rojas)

Eres bonita, blanca tu frente,
tus ojos son azules sueños de oriente
pero engañas como serpiente.

Tus ojos son azules sueños de oriente,
miran como soñando lánguidamente,
pero... tú engañas como serpiente,
Tus ojos; cristalinas aguas de fuente,
cada uno de tus ojos es transparente
pero... tú engañas como serpiente.

Besar tus labios quiero muy vehemente,
verme en tus claros ojos como en la fuente
pero... ay engañas como serpiente.

Es suficiente para mí (Fadwa Tuqan)

Es suficiente para mí
suficiente para mí morir en su tierra
ser enterrado en ella
derretirse y desaparecer en su suelo
luego brotar lejos como una flor
con la que juega un niño de mi patria.
Es suficiente para mí permanecer
en los brazos de mi tierra
estar en ella como un puñado de polvo
una hoja de césped
una flor.

If We Must Die (Claude McKay)

If we must die, let it not be like hogs
Hunted and penned in an inglorious spot,
While round us bark the mad and hungry dogs,
Making their mock at our accursèd lot.
If we must die, O let us nobly die,
So that our precious blood may not be shed
In vain; then even the monsters we defy
Shall be constrained to honor us though dead!
O kinsmen! we must meet the common foe!
Though far outnumbered let us show us brave,
And for their thousand blows deal one death-blow!
What though before us lies the open grave?
Like men we’ll face the murderous, cowardly pack,
Pressed to the wall, dying, but fighting back!

Genio y figura (Pablo de Rokha)

Yo soy como el fracaso total del mundo, ¡oh Pueblos!
El canto frente a frente al mismo Satanás,
dialoga con la ciencia tremenda de los muertos,
y mi dolor chorrea de sangre la ciudad.

Aun mis días son restos de enormes muebles viejos,
anoche «Dios» lloraba entre mundos que van
así, mi niña, solos, y tú dices «te quiero»,
cuando hablas con «tu» Pablo, sin oírme jamás.

El hombre y la mujer tienen olor a tumba;
el cuerpo se me cae sobre la tierra bruta
lo mismo que el ataúd rojo del infeliz.

Enemigo total, aúllo por los barrios,
un espanto más bárbaro, más bárbaro, más bárbaro
que el hipo de cien perros botados a morir.

No le pidan más dinero a la poesía (Jaime Huenún)

No le pidan más dinero a la poesía,
no más viajes y subsidios, no más luces;
ya la pobre se ha quedado en bancarrota,
ni una papa encontrarán en su alacena.
Déjenla que se vaya por el mundo,
toda coja, toda enclenque, toda seca,
vieja, sola y afirmada en su bastón.
Se acabó la bonanza, proxenetas,
oh, malditos desleales, azulosos,
y barbudos palabreros del montón.

A Julia de Burgos (Julia de Burgos)

Ya las gentes murmuran que yo soy tu enemiga
porque dicen que en verso doy al mundo
tu yo.

Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de Burgos.
La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz;
porque tú eres ropaje y la esencia soy yo;
y el más profundo abismo se tiende entre las dos.

Tú eres fría muñeca de mentira social,
y yo, viril destello de la humana verdad.

Tú, miel de cortesanas hipocresías; yo no;
que en todos mis poemas desnudo el corazón.

Tú eres como tu mundo, egoístas; yo no;
que todo me lo juego a ser lo que soy yo.

Tú eres solo la grave señora señorona;
yo no, yo soy la vida, la fuerza, la mujer. 

Tú eres de tu marido, de tu amo; yo no;
yo de nadie, o de todos, porque a todos, a todos,
en mi limpio sentir y en mi pensar me doy.

Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no;
a mí me riza el viento; a mí me pinta el sol. 

Tú eres dama casera, resignada, sumisa,
atada a los prejuicios de los hombres; yo no;
que yo soy Rocinante corriendo desbocado
olfateando horizontes de justicia de Dios.

Tú en ti misma no mandas; a ti todos te mandan;
en ti mandan tu esposo, tus padres, tus parientes,
el cura, la modista, el teatro, el casino,
el auto, las alhajas, el banquete, el champán,
el cielo y el infierno, y el qué dirán social.
En mí no, que en mí manda mi solo corazón,
mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo.
Tú, flor de aristocracia; y yo la flor del pueblo.
Tú en ti lo tienes todo y a todos se lo debes,
mientras que yo, mi nada a nadie se la debo.

Tú, clavada al estático dividendo ancestral,
y yo, un uno en la cifra del divisor social,
somos el duelo a muerte que se acerca fatal.

Cuando las multitudes corran alborotadas
dejando atrás cenizas de injusticias quemadas,
y cuando con la tea de las siete virtudes,
tras los siete pecados, corran las multitudes,
contra ti, y contra todo lo injusto y lo inhumano,
yo iré en medio de ellas con la tea en la mano.
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