Despedida (Jorge Teillier)

Me despido de mi mano
que pudo mostrar el paso del rayo
o la quietud de las piedras
bajo las nieves de antaño.

Para que vuelvan a ser bosques y arenas
me despido del papel blanco y de la tinta azul
de donde surgían los ríos perezosos,
cerdos en las calles, molinos vacíos.

Me despido de los amigos
en quienes más he confiado:
los conejos y las polillas,
las nubes harapientas del verano,
mi sombra que solía hablarme en voz baja.

Me despido de las Virtudes y de las Gracias del planeta:
Los fracasados, las cajas de música,
los murciélagos que al atardecer se deshojan
de los bosques de casas de madera.

Me despido de los amigos silenciosos
a los que sólo les importa saber
dónde se puede beber algo de vino,
y para los cuales todos los días
no son sino un pretexto
para entonar canciones pasadas de moda.

Me despido de una muchacha
que sin preguntarme si la amaba o no la amaba
caminó conmigo y se acostó conmigo
cualquiera tarde de esas que se llenan
de humaredas de hojas quemándose en las acequias.
Me despido de una muchacha
cuyo rostro suelo ver en sueños
iluminado por la triste mirada
de trenes que parten bajo la lluvia.

Me despido de la memoria
y me despido de la nostalgia
-la sal y el agua
de mis días sin objeto -

y me despido de estos poemas:
palabras, palabras -un poco de aire
movido por los labios- palabras
para ocultar quizás lo único verdadero:
que respiramos y dejamos de respirar.

El aromo (Jorge Teillier)

Los labios del tiempo despiertan,
y pronuncian, mojada de lluvia,
la primera palabra que recuerdan.

Y se enciende la llama del aromo
sin temor al viento, sin envidia del sol.

El aromo es el primer día de escuela,
es una boca manchada de cerezas,
una ola amarilla de donde nace la mañana,
un vaso de vino en la mesa de los pobres.

El aromo es un domingo en la plaza de provincias,
es lo que nace de la semilla
de un hueso de niño muerto,
la amistad de las ovejas y el molino
en los viejos calendarios
y la alegría de los brazos
que renacen cuando estrechan el cuerpo de quien aman.

Receta cebiche de jaiba

Ingredientes:

  • 1 kilo de carne de jaiba
  • 5 tomates
  • 1 o 2 cebollas moradas (dependiendo del tamaño)
  • 2 pepinos
  • 2 ajíes verdes
  • 1 manojo de cilatro
  • 10-12 limones
  • Sal y pimienta
Preparación:

Desmenuzar la carne de jaiba y agregar el jugo de seis limones. Agregar cebolla cortada en cuadraditos finos y revolver. Incorporar tomates cortados en cuadrados, con pepas y jugo. Agregar el ají y el pepino, ambos en cuadrados y sin pepas, y revolver. Integrar el cilantro y el jugo de los otros seis limones. Sazonar con sal y pimienta y dejar reposar 30 minutos. Servir en tostadas con mayonesa.  

Troyanos (Constantino Kavafis)

Desventurados son nuestros esfuerzos;
inútiles como aquellos de los troyanos.
Conseguimos un pequeño éxito; ganamos
un poco de confianza; y la esperanza
y el valor renacen.
Mas siempre algo sucede que nos frustra.
Aquiles surge de la tumba ante nosotros
y acobardan sus gritos nuestros ánimos.

Nuestros esfuerzos son como los de los troyanos.
Pensamos que con decisión y con audacia
podríamos cambiar el curso del destino,
y miramos fuera al campo de batalla.

Mas cuando el momento supremo llega,
audacia y decisión se desvanecen;
se turba y paraliza nuestra alma;
y alrededor corremos de los muros
buscando salvación en la huida.

Sin embargo qué cierta es la derrota. Arriba,
en las murallas, ha empezado ya la elegía.
Llora la memoria y la pasión de nuestros días.
Amargamente Príamo y Écuba lloran por nosotros.

La vida es ancha (Gabrie Celaya)

Con todo mi dolor metido dentro
me he asomado a la ventana.
Allí fuera parecía que no pasaba nada.
Los árboles temblaban levemente
y el río, aunque charlaba, no explicaba.

Las estrellas fulgían sin declararse heridas
y la noche parecía una música callada.
Era mentira. Ya sé. Todo me mentía.
Si no serenidad, indiferencia.

Pero el que yo gritara mis pequeñas miserias
ante lo inmenso… ¡mira! ¡Qué vergüenza
creer que mis problemas son cosas medio serias!
No encontraba la paz sino la risa
de un mundo sin sentido y de una explosión perpetua.

Cuando estudiaba leyes, o Derecho (Armando Uribe)

Cuando estudiaba leyes, o Derecho
(como decían los sabihondos curvos
de cabeza agachada), los de pelos en pecho
dormitábamos viendo todo turbio
sobre las hojas del código: absurdos
artículos e incisos en un casto connubio
- los miro ahora y me perturbo.

Sácame, Cristo, de la cripta (Armando Uribe)

Sácame, Cristo, de la cripta
donde recluso me he enclaustrado
para inventar literatura críptica
que nos exprese, libre o castigado
que uno sea, por culpa o razón de estado
- pero sácame, Dios, de este crimen de estado.
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