La dicha (Jorge Luis Borges)

El que abraza a una mujer es Adán. La mujer es Eva.
Todo sucede por primera vez.
He visto una cosa blanca en el cielo. Me dicen que es la
luna, pero qué puedo hacer con una palabra y con una mitología.
Los árboles me dan un poco de miedo. Son tan hermosos.
Los tranquilos animales se acercan para que yo les diga su nombre.
Los libros de la biblioteca no tienen letras. Cuando los abro surgen.
Al hojear el atlas proyecto la forma de Sumatra.
El que prende un fósforo en el oscuro está inventando el fuego.
En el espejo hay otro que acecha.
El que mira el mar ve a Inglaterra.
El que profiere un verso de Liliencron ha entrado en la batalla.
He soñado a Cartago y a las legiones que desolaron a Cartago.
He soñado la espada y la balanza.
Loado sea el amor en el que no hay poseedor ni poseída,
pero los dos se entregan.

Loada sea la pesadilla, que nos revela que podemos crear el infierno.
El que desciende a un río desciende al Ganges.
El que mira un reloj de arena ve la disolución de un imperio.
El que juega con un puñal presagia la muerte de César.
El que duerme es todos los hombres.
En el desierto vi la joven Esfinge, que acaban de labrar.
Nada hay tan antiguo bajo el sol.
Todo sucede por primera vez, pero de un modo eterno.
El que lee mis palabras está inventándolas.

Receta gazpacho

Ingredientes


  • Un pimentón verde y uno rojo
  • Mitad de cebolla blanca
  • Un gajo de ajo
  • Seis tomates
  • Mitad de un pepino pequeño
  • Una rebanada de pan tostado
  • Vaso de agua
  • Sal
  • Pimienta
  • Vinagre balsámico
  • Aceite de oliva
  • Un par de cubos de hielo


Preparación

Cortar todos los ingredientes en pedazos grandes y mezclar en la licuadora. Servir y adornar con pepino y pimentón en cuadraditos, aceite de oliva, crutones y un cubo de hielo.

Fuente

Receta ají de gallina

Ingredientes
  • 1 pechuga de gallina o de pollo (lo habitual es pollo)
  • 2 panes francés (ó 1 paquete de galleta de soda ó 2 rebanadas de pan de molde sin corteza)
  • 1 cebolla picada
  • 4 dientes de ajo picados
  • 3 cucharadas de ají amarillo molido (o 2 ajíes amarillos enteros)
  • 1 tarro de leche evaporada
  • 6 papas sancochadas (recomendamos papa blanca o papa amarilla)
  • 100 gramos de aceitunas negras
  • 3 huevos sancochados
  • sal
  • pimienta
  • comino
  • palillo
  • aceite vegetal

Preparación


Cocinamos la pechuga de gallina o de pollo en agua con una pizca de sal. Algunos le agregan un trozo de apio y zanahoria, pero ello no es necesario.

Cuando la pechuga esté cocida la retiramos, dejamos enfriar un rato y luego la deshilachamos (dividimos la pechuga en hebras). Guardamos en un recipiente.

Si contamos con ají amarillo molido pasamos a la siguiente instrucción. Pero si lo que tenemos son ajíes amarillos enteros los abrimos por la mitad, les quitamos las semillas y venas, y los cortamos en tiras.

Si tenemos pan francés lo trozamos en pedazos pequeños. Si lo que tenemos son galletas de soda los desmenuzamos ligeramente (no es necesario que se vuelvan polvo porque vamos a licuarlas después). Si en lugar de pan francés o galletas vamos a emplear pan de molde le quitamos la corteza y trozamos el pan en cubos pequeños.

Lo que sigue es preparar la crema base: ponemos en la licuadora la leche, el ají amarillo (molido o en tiras), los trozos de pan o las galletas en polvo, y licuamos por 1 o 2 minutos. Guardamos.
Ahora empezamos el aderezo: en una sartén calentamos un poco de aceite vegetal y freímos la cebolla picada y los ajos picados por 1 minuto. Agregamos una pizca de sal, pimienta al gusto, comino y palillo. Mezclamos y dejamos que el aderezo se siga friendo un minuto más.
Llegó el momento: mientras el aderezo se sigue friendo vertemos encima la crema base que hemos licuado, mezclamos y cocinamos por cinco minutos a fuego medio revolviendo de rato en rato para evitar que el preparado se pegue.

Finalmente incorporamos la pechuga deshilachada, mezclamos y dejamos que el preparado se siga cocinando a fuego medio por 10 minutos más, recordando revolver de vez en vez para que la crema no se pegue al fondo de la olla. En este punto un consejo: si mientras cocinamos la crema obervamos que está muy espesa solucionamos fácilmente el problema agregando un poco de leche, o quizás un poco del caldo en el que cocimos el pollo, o simplemente con un poco de agua cocida. El asunto es que la crema quede con la consistencia que nos agrade.

Ahora que ya tenemos el ají de gallina lista, corresponde únicamente cortar en rodajas las papas sancochadas y partir en mitades los huevos cocidos.

Notas

Para servir el ají de gallina ponemos arroz blanco en un plato, colocamos alrededor unas cuantas rodajas de papa hervidas y vertemos sobre ellas la crema hasta cubrirlas en su totalidad. Decoramos con huevo duro y aceitunas negras.

El puñal (Jorge Luis Borges)

En un cajón hay un puñal. Fue forjado en Toledo, a fines del siglo pasado; Luis Melián Lafinur se lo dio a mi padre, que lo trajo del Uruguay; Evaristo Carriego lo tuvo alguna vez en la mano.

Quienes lo ven tienen que jugar un rato con él; se advierte que hace mucho que lo buscaban; la mano se apresura a apretar la empuñadura que la espera; la hoja obediente y poderosa juega con precisión en la vaina.

Otra cosa quiere el puñal. Es más que una estructura hecha de metales; los hombres lo pensaron y lo formaron para un fin muy preciso; es, de algún modo eterno, el puñal que anoche mató un hombre en Tacuarembó y los puñales que mataron a César. Quiere matar, quiere derramar brusca sangre.

En un cajón del escritorio, entre borradores y cartas, interminablemente sueña el puñal con su sencillo sueño de tigre, y la mano se anima cuando lo rige porque el metal se anima, el metal que presiente en cada contacto al homicida para quien lo crearon los hombres.

A veces me da lástima. Tanta dureza, tanta fe, tan apacible o inocente soberbia, y los años pasan, inútiles.

Poema conjetural (Jorge Luis Borges)


Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.
Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me acecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.
Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.

Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí... Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.

Mas van pasando los años (Violeta Parra)

Mas van pasando los años,
las cosas son muy distintas:
lo que fue vino, hoy es tinta,
lo que fue piel, hoy es paño,
lo que fue cierto, hoy engaño.
Todo es penuria y quebranto,
de las leyes de hoy me espanto,
lo paso muy confundida,
y es grande torpeza mida
buscar alivio en mi canto.

Han visto la mantequilla,
dicen de que’s vegetal,
y que de leche animal
fabrican la mostacilla.
Las líneas de las chiquillas,
desmáyese el más sereno,
que lo que miran por seno
no es nada más que nilón.
Pregunto con emoción:
¿quién trajo tanto veneno?

En este mundo moderno,
qué sabe el pobre de queso,
caldo de papa sin hueso,
menos sabe lo que es terno;
por casa, callampa, infierno
de lata y ladrillos viejos.
¿Cómo le aguanta el pellejo?,
eso sí que no lo sé,
pero bien sé que el burgués
se pit’ al pobre verdejo.

Yo no protesto por migo,
porque soy muy poca cosa;
reclamo porque a la fosa
van las penas del mendigo.
A Dios pongo por testigo,
que no me deje mentir:
no me hace falta salir
un metro fuera ’e la casa
pa’ ver lo que aquí nos pasa
y el dolor que es el vivir.

Dispénsenme las chiquillas
si m’he salido del tema,
es qu’esta verdad me quema
el alma y la pajarilla.
Quemá’ está la sopaipilla,
pa’l pobre ya no hay razones;
hay costra en los corazones
y horchata en las venas ricas.
Y claro, esto a mí me pica
igual que los sabañones.

Mas allá de la tortura (Aristóteles España)

Fuera del espacio y la materia,
En una región altiva (sin matices ni colores)
Llena de un humo horizontal
Que atraviesa pantanos invisibles,
Permanezco sentado
Como un condenado a la cámara de gas.
Descubro que el temor es un niño desesperado,
Que la vida es una gran habitación
O un muelle vacío en medio del océano.
Hay disparos, ruidos de máquinas de escribir,
Me aplican corriente eléctrica en el cuerpo
Soy un extraño pasajero en viaje a lo desconocido,
Arden mis uñas y los poros, los tranvías,
En la sala contigua golpean a una mujer embarazada,
Las flores del amor y la justicia crecerán más adelante
Sobre las cenizas de todas las dictaduras de la tierra
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