Acabar con todo (Octavio Paz)

Dame, llama invisible, espada fría,
tu persistente cólera,
para acabar con todo,
oh mundo seco,
oh mundo desangrado,
para acabar con todo.
Arde, sombrío, arde sin llamas,
apagado y ardiente,
ceniza y piedra viva,
desierto sin orillas.
Arde en el vasto cielo, laja y nube,
bajo la ciega luz que se desploma
entre estériles peñas.
Arde en la soledad que nos deshace,
tierra de piedra ardiente,
de raíces heladas y sedientas.
Arde, furor oculto,
ceniza que enloquece,
arde invisible, arde
como el mar impotente engendra nubes,
olas como el rencor y espumas pétreas.
Entre mis huesos delirantes, arde;
arde dentro del aire hueco,
horno invisible y puro;
arde como arde el tiempo,
como camina el tiempo entre la muerte,
con sus mismas pisadas y su aliento;
arde como la soledad que te devora,
arde en ti mismo, ardor sin llama,
soledad sin imagen, sed sin labios.
Para acabar con todo,
oh mundo seco,
para acabar con todo.

Vidas entre tachos de basura (Charles Bukowski)

el viento sopla fuerte esta noche
y es un viento frío
y pienso en
los chicos en la calle.
espero que alguno de ellos tenga una botella
de tinto.

sucede cuando estás en la calle
que notas que
todo
es propiedad de alguien
y que hay cerraduras para
todo.
así es cómo funciona
la democracia:
tomas lo que puedes,
intentas conservarlo
y sumar algo
si es posible.

así es cómo funciona
también la dictadura
sólo que ella o esclaviza o
destruye a sus
indigentes.
sucede que sólo olvidamos
a los nuestros.

en cualquier caso
es un viento
arduo
y frío.

Así como no podemos (Roberto Juarroz)

Así como no podemos
sostener mucho tiempo una mirada,
tampoco podemos sostener mucho tiempo la alegría,
la espiral del amor,
la gratuidad del pensamiento,
la tierra en suspensión del cántico.

No podemos ni siquiera sostener mucho tiempo
las proporciones del silencio
cuando algo lo visita.
Y menos todavía
cuando nada lo visita.

El hombre no puede sostener mucho tiempo al hombre,
ni tampoco a lo que no es el hombre.

Y sin embargo puede
soportar el peso inexorable
de lo que no existe.

No habrá nada (Rául Zurita)

No habrá nada. Ningún sueño en el sueño
ni en la muerte, sólo tu amor arrojándose
por la borda como si las olas de un océano
desconocido te llamaran.

No habrá un muro, sólo el duro borde del
hielo y un dios sin perdón sepultado en
los témpanos.

No habrá nombres. Tampoco un nombre
para tu nombre ni tu vida. Barcos usados
como jaulas de hombres congelados en la
bahía, en fin, tipos mandados al matadero
por nada.

Nada ni nadie será el alba.

No habrá sumas ni oraciones ni túmulos,
solo el gasto inútil de irse entre gritos,
otros hombres golpearán a otros hombres
y será igual. Reaparecerás en los glaciares.

Octubre de Chile (Juan Carlos Villavicencio)

Una bandera negra refleja
                    el abecedario de un país en ruinas
       enterrado ahora
                    bajo sus propias cruces incendiadas

Un sol ardiendo habita en la multitud de flores
en cada grito hacia el futuro
contra

la traición abrazando las cadenas                                  
el tiempo devorado                                  
nuestra sangre torturada en las monedas                                  
los crueles surcos grabados en la piel                                  
la violencia sobre toda calavera                                  

aquellos carentes de fuego, nuestro respiro                                  



Hay tierra oscura negando los rostros de mis muertos

Hay fieras sobre nuestras tumbas en el bosque

                Hay balas volviendo a la puerta de su propio infierno



Una bandera rasgada de mentiras era blanca

Una bandera negra devela renacidas de colores las estrellas
                                                                                despertando

77 (Roberto Juarroz)

En una noche que debió ser de lluvia
o en el muelle de un puerto tal vez inexistente
o en una tarde clara, sentado a una mesa sin nadie,
se me cayó una parte mía.
No ha dejado ningún hueco.
Es más: pareciera algo que ha llegado
y no algo que se ha ido.
Pero ahora,
en las noches sin lluvia,
en las ciudades sin muelles,
en las mesas sin tardes,
me siento de repente mucho más solo
y no me animo a palparme,
aunque todo parezca estar en su sitio,
quizá todavía un poco más que antes.
Y sospecho que hubiera sido preferible
quedarme en aquella perdida parte mía
y no en este casi todo
que aún sigue sin caer.

Un amor más allá del amor (Roberto Juarroz)

Un amor más allá del amor
por encima del rito del vínculo,
más allá del juego siniestro
de la soledad y la compañía.

Un amor que no necesite regreso,
pero tampoco partida.
Un amor no sometido
a los fogonazos de ir y de volver,
de estar despiertos o dormidos,
de llamar o callar.

Un amor para estar juntos
o para no estarlo,
pero también para todas las posiciones intermedias.
Un amor como abrir los ojos
Y también quizá como cerrarlos.
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