Dos de noviembre (Stella Díaz Varín)

No quiero
Que mis muertos descansen en paz
Tienen la obligación
De estar presentes
Vivientes en cada flor que me robo
A escondidas
Al filo de la medianoche
Cuando los vivos al borde del insomnio
Juegan a los dados
Y enhebran su amargura.

Los conmino a estar presentes
En cada pensamiento que desvelo.

No quiero que los míos
Se me olviden bajo la tierra
Los que allí los acostaron
No resolvieron la eternidad.

No quiero
Que a mis muertos me los hundan
Me los ignoren
Me los hagan olvidar
Aquí o allá
En cualquier hemisferio

Los obligo a mis muertos
En su día.
Los descubro, los trasplanto
Los desnudo
Los llevo a la superficie
A flor de tierra
Donde está esperándolos
El nido de la acústica.

El tiempo perdido (Jacques Prévert)

Frente a la puerta de la fábrica
el trabajador se detiene de repente
el buen tiempo le ha tirado la chaqueta
y cuando se vuelve
y mira al sol
todo rojo todo circular
sonriendo en su cielo plomo
le hace un guiño
con familiaridad
Dime camarada Sol
¿no encuentras
que es bastante imbécil
regalarle a un patrón
un día como este?

Inglaterra en 1819 (Percy Bysshe Shelley)

Un rey viejo, loco, ciego, despreciado y moribundo;
Los príncipes, la escoria de su aburrida raza, fluyen
A través del desprecio público – son fango de un manantial fangoso;
Aquellos que gobiernan ni ven ni sienten ni saben nada,
Pero se aferran como sanguijuelas a su país derruido
Hasta que caen llenos de sangre, sin golpe alguno.
Un pueblo muerto de hambre y apuñalado en un campo que no ha sido cultivado;
Un ejército, que para los que abusan y destruyen la libertad,
Es una espada de doble filo para todos los que la empuñan;
Hay reglas de oro y leyes de sangre que provocan y producen muerte;
Religión sin Cristo, sin Dios – un libro sellado;
Un senado, el peor decreto del Tiempo, jamás revocado –
Son tumbas de las cuales un glorioso Fantasma puede
Desatarse, para iluminar nuestros tempestuosos días.

Acabar con todo (Octavio Paz)

Dame, llama invisible, espada fría,
tu persistente cólera,
para acabar con todo,
oh mundo seco,
oh mundo desangrado,
para acabar con todo.
Arde, sombrío, arde sin llamas,
apagado y ardiente,
ceniza y piedra viva,
desierto sin orillas.
Arde en el vasto cielo, laja y nube,
bajo la ciega luz que se desploma
entre estériles peñas.
Arde en la soledad que nos deshace,
tierra de piedra ardiente,
de raíces heladas y sedientas.
Arde, furor oculto,
ceniza que enloquece,
arde invisible, arde
como el mar impotente engendra nubes,
olas como el rencor y espumas pétreas.
Entre mis huesos delirantes, arde;
arde dentro del aire hueco,
horno invisible y puro;
arde como arde el tiempo,
como camina el tiempo entre la muerte,
con sus mismas pisadas y su aliento;
arde como la soledad que te devora,
arde en ti mismo, ardor sin llama,
soledad sin imagen, sed sin labios.
Para acabar con todo,
oh mundo seco,
para acabar con todo.

Vidas entre tachos de basura (Charles Bukowski)

el viento sopla fuerte esta noche
y es un viento frío
y pienso en
los chicos en la calle.
espero que alguno de ellos tenga una botella
de tinto.

sucede cuando estás en la calle
que notas que
todo
es propiedad de alguien
y que hay cerraduras para
todo.
así es cómo funciona
la democracia:
tomas lo que puedes,
intentas conservarlo
y sumar algo
si es posible.

así es cómo funciona
también la dictadura
sólo que ella o esclaviza o
destruye a sus
indigentes.
sucede que sólo olvidamos
a los nuestros.

en cualquier caso
es un viento
arduo
y frío.

Así como no podemos (Roberto Juarroz)

Así como no podemos
sostener mucho tiempo una mirada,
tampoco podemos sostener mucho tiempo la alegría,
la espiral del amor,
la gratuidad del pensamiento,
la tierra en suspensión del cántico.

No podemos ni siquiera sostener mucho tiempo
las proporciones del silencio
cuando algo lo visita.
Y menos todavía
cuando nada lo visita.

El hombre no puede sostener mucho tiempo al hombre,
ni tampoco a lo que no es el hombre.

Y sin embargo puede
soportar el peso inexorable
de lo que no existe.

No habrá nada (Rául Zurita)

No habrá nada. Ningún sueño en el sueño
ni en la muerte, sólo tu amor arrojándose
por la borda como si las olas de un océano
desconocido te llamaran.

No habrá un muro, sólo el duro borde del
hielo y un dios sin perdón sepultado en
los témpanos.

No habrá nombres. Tampoco un nombre
para tu nombre ni tu vida. Barcos usados
como jaulas de hombres congelados en la
bahía, en fin, tipos mandados al matadero
por nada.

Nada ni nadie será el alba.

No habrá sumas ni oraciones ni túmulos,
solo el gasto inútil de irse entre gritos,
otros hombres golpearán a otros hombres
y será igual. Reaparecerás en los glaciares.
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